Hoy te recuerdo especialmente

2 05 2010

Hoy te recuerdo especialmente, no me preguntes el motivo. Lo cierto es que, después de varios meses sin ti, la soledad me ha hecho más fuerte, más necio, más insensible. He creado alrededor de mí una barrera para que nadie se me acerque. Sin embargo hoy te recuerdo de nuevo y me vuelvo a emocionar como cuando era sentimental, tierno y vulnerable. He vuelto a sentirme frágil al levantarme y abrazar la almohada como te abrazaba a ti. He pisado descalzo la alfombra del baño que colocabas constantemente cada vez que entrabas, y aunque siempre ha estado ahí, hoy me ha recordado a ti. Cuando iba a desayunar, he retirado todas las tazas del armario y ¿sabes qué?, he encontrado al fondo tu taza, la de la margarita, aquella a la que tenías tanto cariño porque te la regalaron por tu primera comunión. Me he preparado el café en ella, espero que no te importe, y al tomarla entre mis manos para beber, por mis entrañas corría tu olor rápido y fresco, como si esa taza contuviese tu alma y hubiese decidido entrar en mí para darse un paseo.

Hoy te recuerdo especialmente, no me preguntes el motivo. Lo cierto es que me han venido a la mente tantos momentos buenos al sentarme en el sofá con el café… tantas batallas de caricias, cosquillas y risas aquí, en este mismo sofá; tantos amaneceres que nos encontraron tumbados uno encima del otro y desnudos sobre estos cojines; tantas películas que desde aquí visionamos juntos… a veces me agarrabas porque te daba miedo la escena y llegabas a hacerme daño; otras veces, las escenas de amor te recordaban a nosotros, y me besabas sin dejar de mirar la pantalla; en otras ocasiones incluso me regañabas por poner un película desagradable, de esas de tiros y mafiosos que te horrorizan.

Hoy te recuerdo especialmente, y el motivo es que hace justo seis meses que te marchaste; hoy, concretamente a las diez y media de la noche, se cumplirán esos seis meses, y como si fuese un ritual litúrgico he preparado la casa para la ocasión, me he arreglado, he encendido varias velas y he conseguido eliminar la torre de ropa que esperaba ser planchada, porque odias que al llegar a casa haya un montón de ropa sin planchar. Pero todo para qué, si no vas a volver. Lo más seguro es que, como tantas otras veces, me quede dormido aquí en el sofá, vestido con estos feos pantalones que a ti te encantan, con mis mejores galas, con mis mejores recuerdos y mis mejores intenciones, pero tú no aparecerás por la puerta.

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